. El sonreía de forma enigmática. , Le pregunté yo. Era un tipo muy raro. Tenía una sonrisa tímida, y una mirada plagada de siglos, pese a que tan sólo debía de tener unos veintidós o veinticuatro años.. Cielos, ¿eso era bueno o malo? No podía apartar mis ojos de los suyos. Tenían un tono verdoso con pequeñas motas marrones, como los de un gato que está en la oscuridad, acechando al rat6n. La música de la discoteca empezaba a ser insoportable, opresiva, incómoda. ' dijo él, casi leyendo mi mente. , respondí a gritos.

Santo Dios, qué bueno era salir de aquel infierno de música sintética y sofocante calor. Las calles de Viena estaban vacías y el neón de la entrada lanzaba destellos eléctricos sobre los charcos de la acera. Algunos chicos pululaban por los alrededores vistiendo camisetas chillonas y pantalones demasiado grandes para ellos. Mi acompañante llamaba la atención de todos. Seguramente era por su atuendo, un traje de corte demasiado clásico y una simple camisa blanca abierta. Ya os he dicho que era un poco raro.

. Diciendo esto me cogió del brazo. Caminamos juntos mucho rato, y él me hablaba de sus viajes, de la eterna Roma, de la caótica Nueva York, de la gente y los tiempos. Debía ser un estudiante de Historia; sabía muchas cosas, incluidos algunos cotilleos de la corte francesa y de la española de los siglos XIV y XV. . Nos encontrábamos en el Belvedere, y Viena estaba a nuestros pies. Era extraño, Le había conocido esa misma noche y parecía que le hubiese estado esperando toda la vida. Niger dijo: Yo asentí. Sin saber cómo, a mi lado apareció un carruaje. El se sentó a mi lado. Su mano tocó la mía. Estaba fría. le dije frotándole las manos. El atrapó las mías con las suyas y dijo , mientras se acercaba a mí. Nos besamos. Es extraño cómo pasa el tiempo de rápido en estas situaciones. Parecía que nos acabábamos de subir a la carroza cuando ya hablamos llegado a mi piso. , le dije, . El, sonriendo, dijo .

Exhausta, subí a casa. ¿Cómo habría sabido Marius dónde vivía? No creía habérselo dicho. La verdad es que me había pasado con el schnapps y todo daba vueltas. Fui al baño a lavarme la cara, y al levantarme vi una cara familiar en el espejo: los agresivos ojos azules enmarcados en una cara pequeña y redondeada, bien proporcionada, pálida y poco angulosa. El cabello negro, cortado como el de un chico, remataba el conjunto. le pregunté al espejo, sin esperar respuesta. Me dirigí a la cama, donde me esperaba mi queridísima gata Melpómene, ronroneando y con cara de saber lo que había hecho. Le dije mientras la empujaba. Mis esfuerzos se vieron obsequiados con un corto maullido de disgusto y un poco de espacio en la cama. Creo que caí dormida al instante.

, decía la figura oscura. Sabia que tenia que ir a él, que lo necesitaba y que solo él importaba. Al empezar a andar sentí un vértigo repentino. El suelo cedía bajo mis pies, revelando un lago ardiente, cuyo brillo era cegador. La figura seguía llamándome, y el lago ardía cada vez con más fuerza. Quería acercarme, pero el calor lo evitaba. y él me llamaba.

El sonido de la televisión me despertó. Yo no la había encendido anoche, por tanto había alguien en casa. Me levanté sobresaltada y temblando, cogí lo más parecido a un arma que pude encontrar; un abrecartas dorado, regalo de mis padres por mi último cumpleaños. Asomándome al salón, vislumbré una silueta familiar. La voz de Marius me llegó claramente.dijo socarronamente mientras me ofrecía una taza de sopa. . , le pregunté ya más tranquila. Parecía realmente arrepentido. , le dije . El sonrió y me dijo que había estado durmiendo todo el día. Miré el reloj y vi que tenía razón. , dijo él mientras se dirigía a 1a puerta. Saltando de mi sitio le dije: . El se sentó y estuvo ojeando algunas revistas mientras yo me ponía unos pantalones y preparaba un par de Gin tonics.

Cuando volví lo encontré frente a la librería sosteniendo un tomo en las manos. dijo mientras abarcaba con un movimiento de cabeza toda la librería. Le ofrecí su copa y bebí la mía. Era muy refrescante. La verdad es que la necesitaba, y teniendo el estomago vacío, la ginebra empezó a hacer efecto rápidamente. Según avanzaba la noche, seguíamos hablando, y, una vez más, me sorprendió. Parecía que hubiera vivido mil años. En un momento dado, me miró a los ojos y me dijo: Me sorprendió, y le iba a decir que me dejase pensarlo cuando mis labios respondieron por mí, . Era tan simple como eso: si. Dos letras que pueden marcar mi vida. El se inclinó sobre mi y volvimos a buscamos. Empezó a mordisquear mi cuello y sentí una oleada de calor brotar de mi. Era un éxtasis exquisito, indescriptible, algo que nuca había sentido antes. Pensé en una playa, y cada ola era una sensación nueva. Una, otra, otra, rompiendo contra mí, de forma dolorosa pero dulce, intemporales, eternas.

La figura seguía llamándome desde el otro fado del lago de fuego, apremiándome para que nos reuniéramos cuanto antes. Alzaba sus brazos y susurraba mi nombre, pero no podía alcanzarle, me consumiría en la sima ardiente del lago. ¡Cómo deseaba estar a su lado, abrazarlo, cruzar el maldito lago de fuego!

Desperté gritando. Marius se había ido. Estaba en la cama, vestida y hambrienta. Era la hora de comer, o eso creía yo. Fui a la cocina y me choco el olor de las cosas: un hedor químico brotaba del fregadero, y los cadáveres despedazados de dos truchas provocaban un pestazo nauseabundo. 'Será cosa de1 alcohol’, me dije. Prepare rápidamente una ensalada y huí a toda prisa de la habitación. Devoré la comida y me senté en el sillón. Melpómene saltó a mi regazo y juntas, caímos en un ligero letargo.

La figura. El lago. .
El fuego...

Desperté sobresaltada por el teléfono. ¿Por qué me sentía tan débil? Cogí el auricular y escuché una voz conocida:
¿Qué ocurría? Marius parecía cansado y temeroso. Sin pensarlo colgué el teléfono y salí disparada hacia la plaza. Cuando llegué no había nadie. Marius estaba escondido en una zona oscura. Corrí hacia él y lo abracé. Estaba realmente aterrado, y yo también. Entonces recordé mi sueño: . ¡La figura era Marius! Entonces supe que quería estar con él, ser como él, como ellos. , dije intentando aliviar el ambiente.

Sus brazos rodearon mi talle. Vi sus dientes acercarse a mi cuello, y, entonces, aparecieron ellos. Eran agentes vestidos de negro, con cruces al cuello y con estola de sacerdotes dijo sonriendo. Marius me miró y me dijo . Salí corriendo, y me escondí en un callejón sucio. Entonces empezaron los disparos. Creo que grité, y sé que estaba llorando. ¿Qué seria de Marius? ¿y de mí sin él? Los tiros fueron sucedidos por los gritos. Podía oírlos rezando y todo había terminado.

Estaba herido, cubierto de sangre, pero me sonreía. . Me abrazó.

El fuego arde ahora con fuerza. Ya no tengo miedo. Doy un paso, otro, otro. Por fin a su lado, ahora y para siempre junto a mi Dios Oscuro, junto a mi Ángel Renegado, juntos en las tinieblas.

Lo he conseguido, he cruzado el lago.

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TENORIO