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¿Sabes? , creo que te
llamaré Niger'. El sonreía de forma enigmática.
‘¿Cómo?', Le pregunté
yo. Era un tipo muy raro. Tenía una sonrisa tímida,
y una mirada plagada de siglos, pese a que tan sólo debía
de tener unos veintidós o veinticuatro años.
`Así se llamaba una amiga mía de hace mucho tiempo.
Me recuerdas a ella'. Cielos, ¿eso era bueno o malo?
No podía apartar mis ojos de los suyos. Tenían un tono
verdoso con pequeñas motas marrones, como los de un gato que
está en la oscuridad, acechando al rat6n. La música
de la discoteca empezaba a ser insoportable, opresiva, incómoda.
’¿Qué tal si buscamos una cafetería
o un bar más tranquilo?' dijo él, casi leyendo
mi mente. "Genial" , respondí
a gritos. ‘Ven a mi, amada mía’,
decía la figura oscura. Sabia que tenia que ir a él,
que lo necesitaba y que solo él importaba. Al empezar a andar
sentí un vértigo repentino. El suelo cedía bajo
mis pies, revelando un lago ardiente, cuyo brillo era cegador. La
figura seguía llamándome, y el lago ardía cada
vez con más fuerza. Quería acercarme, pero el calor
lo evitaba. y él me llamaba. El sonido de la televisión me despertó. Yo no la había encendido anoche, por tanto había alguien en casa. Me levanté sobresaltada y temblando, cogí lo más parecido a un arma que pude encontrar; un abrecartas dorado, regalo de mis padres por mi último cumpleaños. Asomándome al salón, vislumbré una silueta familiar. '¿Quién está ahí? La voz de Marius me llegó claramente. '¿Así que la bella durmiente ha decidido despertar, eh?' dijo socarronamente mientras me ofrecía una taza de sopa. ‘Toma esto, te sentará bien'. ‘¿Cómo diablos has entrado?', le pregunté ya más tranquila. ‘Olvidaste cerrar la puerta anoche. Siento haberte asustado' Parecía realmente arrepentido. ‘Olvidalo', le dije ‘Prefiero que estés aquí'. El sonrió y me dijo que había estado durmiendo todo el día. Miré el reloj y vi que tenía razón. 'Tal vez será mejor que me vaya', dijo él mientras se dirigía a 1a puerta. Saltando de mi sitio le dije: 'No, por favor, quédate. Prepararé algo de beber’. El se sentó y estuvo ojeando algunas revistas mientras yo me ponía unos pantalones y preparaba un par de Gin tonics. Cuando volví lo encontré frente a la librería sosteniendo un tomo en las manos. ‘Bonita colección'. ¿Por qué te interesan tanto los temas escabrosos? Tienes libros de Edgar Alan Poe, Anne Rice, Stephen King...’ dijo mientras abarcaba con un movimiento de cabeza toda la librería. ‘Me gustan, eso es todo...' Le ofrecí su copa y bebí la mía. Era muy refrescante. La verdad es que la necesitaba, y teniendo el estomago vacío, la ginebra empezó a hacer efecto rápidamente. Según avanzaba la noche, seguíamos hablando, y, una vez más, me sorprendió. Parecía que hubiera vivido mil años. En un momento dado, me miró a los ojos y me dijo: ‘¿Quieres ser mi compañera?‘ Me sorprendió, y le iba a decir que me dejase pensarlo cuando mis labios respondieron por mí, 'Si'. Era tan simple como eso: si. Dos letras que pueden marcar mi vida. El se inclinó sobre mi y volvimos a buscamos. Empezó a mordisquear mi cuello y sentí una oleada de calor brotar de mi. Era un éxtasis exquisito, indescriptible, algo que nuca había sentido antes. Pensé en una playa, y cada ola era una sensación nueva. Una, otra, otra, rompiendo contra mí, de forma dolorosa pero dulce, intemporales, eternas. La figura seguía llamándome desde el otro fado del lago de fuego, apremiándome para que nos reuniéramos cuanto antes. Alzaba sus brazos y susurraba mi nombre, pero no podía alcanzarle, me consumiría en la sima ardiente del lago. ¡Cómo deseaba estar a su lado, abrazarlo, cruzar el maldito lago de fuego! Desperté gritando. Marius se había ido. Estaba en la cama, vestida y hambrienta. Era la hora de comer, o eso creía yo. Fui a la cocina y me choco el olor de las cosas: un hedor químico brotaba del fregadero, y los cadáveres despedazados de dos truchas provocaban un pestazo nauseabundo. 'Será cosa de1 alcohol’, me dije. Prepare rápidamente una ensalada y huí a toda prisa de la habitación. Devoré la comida y me senté en el sillón. Melpómene saltó a mi regazo y juntas, caímos en un ligero letargo. La figura. El lago. ‘Ven, Niger,
cruza conmigo el lago'. Desperté sobresaltada por el teléfono.
¿Por qué me sentía tan débil? Cogí
el auricular y escuché una voz conocida: ‘Niger,
soy Marius tengo que verte, es muy importante. Mañana abandonare
Viena y tengo algo de vital importancia que decirte. Ven a la Cogginestrasenn
dentro de veinte minutos, por favor, te lo suplico’. Sus brazos rodearon mi talle. Vi sus dientes acercarse
a mi cuello, y, entonces, aparecieron ellos. Eran agentes vestidos
de negro, con cruces al cuello y con estola de sacerdotes '¡Al
fin te tenemos Marius! Después de tantos siglos, te hemos cazado’
dijo sonriendo. Marius me miró y me dijo ‘Corre,
Niger, escóndete, te encontraré cuando termine'.
Salí corriendo, y me escondí en un callejón sucio.
Entonces empezaron los disparos. Creo que grité, y sé
que estaba llorando. ¿Qué seria de Marius? ¿y
de mí sin él? Los tiros fueron sucedidos por los gritos.
Podía oírlos rezando y todo había terminado. El fuego arde ahora con fuerza. Ya no tengo miedo.
Doy un paso, otro, otro. Por fin a su lado, ahora y para siempre junto
a mi Dios Oscuro, junto a mi Ángel Renegado, juntos en las
tinieblas. |