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Madrid despierta, yo también. Me levanto de un salto de
la cama y descorro las cortinas de mi habitación. Me pongo el reloj que
siempre tengo encima de la mesilla.
-¡ Feliz Cumpleaños! -” tu sonrisa es el mejor regalo”, pienso-
-Gracias -desenvuelvo apresuradamente el paquete- vaya
un reloj como el que yo quería, eres un sol.
Me abraza rápido, me da un corte beso en la boca y echa a correr para coger
el autobús hacia su trabajo.
Luego sentada en la cama miro distraídamente por la ventana, hoy es un día
cualquiera, gris como siempre... siempre es un día gris.
Aparecen los médicos en la sala...
-No hemos podido hacer nada, lo siento- dice el cirujano-
Lo último que oigo son los gritos de mi madre cuando me desmayo.
Me visto rápidamente, ya he perdido demasiado tiempo hoy volviendo a
recordar, siempre lo hago, no puedo evitarlo. Corriendo bajo a desayunar.
-Buenos días Elena, ¿ qué tal has dormido?.
- Hola papá -doy un beso a mi padre- como siempre.
- Bueno, hoy es sábado... ¿ tienes algún plan?, ¿alguna cita?
- No, supongo que haré lo de siempre, a lo mejor quedo con Nerea para dar un paseo.
- Cariño, deberías salir -en ese momento llega mi madre- no
has vuelto a ir por ahí, ya sabes a las discos, de bares con los amigos, con chicos, o al cine desde lo
de...
- ¡ No menciones su nombre! - grito, mis padres se me quedan mirando- lo
siento mamá -bebo rápidamente el café- tengo prisa.
Cojo mi abrigo apresuradamente y las llaves de mi moto y antes de abrir la
puerta escucho a mi padre decir:
- Es normal que este así María, hoy hace un año desde que murió...
- cierro de un portazo antes de que termine la frase-
La puerta del garaje se abre, subo a mi moto y meto la llave en el contacto lo giro y suena el ruido que
me indica que el motor ha arrancado a la primera.
- Elena, si me pasase algo, no te amargues, prométeme que buscarás a otro.
- Nunca encontraría nadie como tú- le aprieto la mano y le doy un beso en los
labios-
- ¡ Prométemelo!- su cara se convierte en una mueca de dolor-
- Lo prometo -le digo mientras se lo llevan al quirófano y se me resbalan las
lágrimas.
Cuando recupero el sentido de la realidad, las puertas están comenzando a cerrarse, piso el acelerador y
salgo del garaje. La autopista está muy tranquila, hoy no hay prácticamente tráfico, ¡ cómo se nota que
es sábado a primera hora!. Tardo cerca de una hora en llegar al apartamento de Nerea, ya podría habérselo
buscado más céntrico. Dejo la moto aparcada en una esquina, atada a una farola para que no me la roben.
Sólo tengo que andar unos metros para llegar a la casa de mi amiga. Llamo al portero.
-¿ Sí?
- Soy Elena.
- ¡ Ah!, sube, sube.
Abro las puertas de hierro forjado y entro en el gran portal de mármol, uso el viejo ascensor de madera
para llegar al octavo piso, hoy estoy muy vaga y no me apetece subir andando. Cuando llamo al timbre me
abre Taliana, la compañera de piso de Nerea, una estudiante de intercambio yugoslava.
- Nerea, está en su habitación, pasa -me dice sonriendo-
- Gracias Tali, ¿ qué tal estás?
- Cansada, ando de exámenes, en la escuela de español.
- ¡ Seguro que apruebas!, con lo bien que se te da y lo que hablas.
Paso el pasillo corriendo y entro en la habitación de Nerea. Mi amiga está sentada en la cama y ha movido
la mesa de estudio para poder estudiar tumbada. Está enfrascada en un difícil tema de química y me saluda
mientras termina de leer la página. Suelto el bolso y cuelgo el abrigo en una percha. Me siento a los pies
de la cama de mi amiga.
- ¿ Estudiando?
- Más bien haciendo que estudio -me dice guiñándome un ojo y retorciendo con el índice y el pulgar
un mechón de su pelo- ¿qué tal estás?
- Bien, como siempre...
- Elena, ya sabes a lo que me refiero.
- Sí, lo sé, hoy hace un año, pero lo estoy llevando bastante bien por ahora.
- Bueno, he pensado que lo mejor es que esta tarde estés ocupada, hay una fiesta en la casa de un amigo
mío de la facultad, ¿porqué no vamos?
- No sé Nerea, no me apetece mucho.
- Venga mujer, te vendrá bien...
No tengo muchas ganas, pero Nerea es tan pesada que por que me deje en paz, accedo a ir a la fiesta sin
estar todavía muy convencida. Después hablamos un poco de lo bien que le va a ella en la facultad de química
y de mis magníficos exámenes en la facultad de geografía.
- ¿Te parece que vayamos a comer? -me pregunta mi amiga-
- No puedo -digo mirando el reloj-
- Venga, anímate, cojo mi abrigo y nos vamos.
- Todavía es temprano, además tengo que hacer algunas cosas, ¿quedamos en “ El Rincón Brujo” en una hora?
- Venga, vale
- Pues nada, yo me voy hasta luego.
De casa de mi amiga al centro de la ciudad hay un buen trecho, y dado la hora que es decido dejar la moto
ahí y coger el metro, además la línea de Opera es la misma. No tarde ni veinte minutos en llegar al Palacio
Real y con ello al Paseo de Oriente. Ando despacio, parándome en algunas estatuas y luego admiro el Teatro
Real.
- Me ha encantado la ópera, nunca había ido, muchas gracias.
- Las gracias debería dártelas a ti por tu compañía, a la chica más bonita del mundo.
Estamos sentados en un banco enfrente de una estatua de un rey con cara de pocos amigo. Me pasa el brazo
por encima del hombro, yo apoyo la cabeza en él.
- Te quiero Elena -me susurra y allí nos besamos-
Una paloma se ha posado a mis pies, está bebiendo agua en un charquito que ha dejado la lluvia de los últimos
días. Levanta la cabeza, me mira y se va volando, como un alma que atravesara los tejados de Madrid. El
ruido del llanto de un niño, que se ha caído mientras jugaba al fútbol, me saca de mis pensamientos, miro
el reloj. Dentro de media hora he quedado con Nerea, ¿ Cojo el metro o voy andando?. Decido ir dando un
paseo por las calles de Madrid.
La gente se apresura en sus compras, veo algunos grupos de amigos paseando y el cartel de las rebajas de
enero en los comercios y, por esas casualidades, que a veces hacen del destino un cruel amigo, veo a un
muchacho igual que él. Me le quedo mirando mientras pasa agarrando a una chica muy guapa por la cintura.
Paso por delante del Corte Inglés, dos conductores discuten en la cola para entrar al aparcamiento, al parecer
se han golpeado por detrás, no paran de gritar y los cláxones de los demás coches suenan sin descanso, el
ruido es insoportable. Apresuro el paso, tengo ganas de pasar ese ruido ensordecedor y escuchar sólo el
barullo de la gente haciendo sus compras.
El restaurante donde he quedado con Nerea esta cerca de la Plaza Mayor. Llego con diez minutos de retraso,
como siempre, pero mi amiga ya está acostumbrada a mis tardanzas.
- Llegas con cinco minutos de retraso.
- Perdona, es que perdí el autobús -me contesta él-
- A partir de hoy llegaré yo cinco minutos más tarde, así no tendré que esperarte
-y se comienza a reír, suavemente como sólo él sabe-
- Ya era hora.
- Perdona, ya sabes que cogí la mala costumbre de llegar tarde.
- Sí, siempre se te han pegado las cosas malas, anda vamos a dentro ya.
La mesa que nos dan está cerca de una pequeña ventana. Pedimos las dos una founde de carne, la especialidad
de “ El Rincón Brujo”. Durante la comida Nerea me cuenta que a la fiesta van a ir unos cuantos amigos suyos
de la facultad. Según me dice Nerea ella anda detrás del anfitrión y tiene pensado ligárselo esta noche,
pero si salía mal...
- ¡Claro! Si te sale mal me tienes a mí de pañuelo, ¡ tendrás la cara dura!
-digo entre ofendida y a punto de reírme-
- Pues sí, a ver, ¿ qué mejor pañuelo que el hombro de un amigo consolador?
- Bueno vale, ¿ a qué hora quedamos? - pregunto -
- A ninguna, tu esta tarde te vienes de compras conmigo, y a ver si te compramos algo
más atrevido, que así no te comerás ni un rosco.
- Prefiero ir así...
- ¡ De eso nada!, ya verás te voy a hacer un cambio de “look” para esta noche que van a quedar alucinados.
- No sé yo...
- Venga Elena, tienes que animar un poco tu vestuario.
- De acuerdo- acabo por ceder- te dejaré hacer.
- ¡ Bien!
Mi amiga paga la cuenta y se va al lavabo, yo aprovecho para llamar a mi madre y decirle que esta noche
llegaré muy tarde. Nerea siempre dice que soy demasiado responsable, siempre llamando a mis padres cuando
me voy a retrasar más de cinco minutos. Luego me lleva a una tienda llamada “ PINKIE”, que está muy cerquita
de Callao, me hace probarme varios modelitos y al final me decido por una minifalda y una camiseta negras,
la camiseta tiene una raya diagonal en verde.
- Creo que no esta mal -dice mi amiga- aunque yo cambiaría
la camiseta negra por esta roja de estilo chino, anda pruébatela -me sugiere lanzándomela-
Entro en el probador y me la pongo, me miro al espejo, la verdad es que no me queda nada mal, Nerea tiene
buen ojo para estas cosas.
- Te queda perfecta, ¡ llévatela anda! - exclama poniendo cara de perro tristón-
- Vale, me la compraré.
Después de las nuevas adquisiciones para mi vestuario, nos damos unas vueltas por “Mango” y “Zara”, tiendas
más acordes con mi estilo y a eso de las seis de la tarde nos vamos a casa de Nerea para prepararnos para
la fiesta.
Suelto las bolsas en un sofá nada más entrar en el apartamento, estoy muy cansada, mi amiga me hecho pegar
una buena caminata hoy. Luego me arrastró hasta su habitación y me tumbo en la cama, agarrando a un osito
de peluche que tiene encima.
- Toma, esto es de mi parte -dijo él-
Acabábamos de llegar al hospital. La habitación de Nerea en la planta de cirugía, es de lo más deprimente,
toda pintada de verde. Pero gracias a nosotros, ahora está más alegre.
- Muchas gracias, es una monada -dice abrazando al enorme oso de peluche que
le ha regalado- Con esto y el libro que me ha traído Elena, hasta me siento mejor
y todo.
- Me encanta este oso que me regaló -dice asomando la cabeza por la puerta-
- Sí, yo tengo uno parecido.
- Elena, si no te encuentras bien, dejamos la fiesta para otra ocasión -me dice mi amiga mirando
con preocupación al oso- ya sé que hoy es un día muy... triste.
- No, tranquila, estoy bien, en serio, es sólo que... le echo de menos.
- Bueno, voy a ducharme, quédate descansando, luego te duchas tu, ¿ vale?.
- De acuerdo.
Nerea coge una toalla de su armario y su ropa interior y corre a la ducha, yo me quedo durante unos momentos
mirando al techo. Por un momento parece que nada es real, que estoy flotando en una nube y puedo oír su
voz, llamándome desde alguna parte, pero cuando me doy cuenta es sólo el sonido de la voz de Nerea tarareando
una pequeña pieza de música clásica.
Luego comienzo a recorrer con la mirada la habitación de mi amiga, todo parece irreal. Me incorporo lentamente
sin soltar el gran oso de peluche y le acarició la cabeza. Entonces veo la foto. Estamos los tres en la
playa, él me tiene cogida por la cintura, Nerea esta un poco hacia atrás, mirándonos divertida.
- ¡ Me vas a tirar! - le digo pegándole un golpe en el brazo-
- De eso nada, yo quiero una foto así
- Elena tiene razón, os vais a caer -dice Nerea riendo-
Raquel otra amiga nuestra esta sacando la fotografía, vemos el flash y entonces nos caemos. Él me da un
beso mientras yo me froto la cabeza que me duele por el golpe.
Seco una lágrima que se resbala suavemente por mi mejilla derecha. Soy una sentimental no lo podré evitar
nunca. Vuelco el marco donde esta la fotografía boca abajo sobre el escritorio de Nerea. A pesar de ser
invierno me parece que hace mucho calor, me acerco a la ventana y la abro de par en par sintiendo unas pequeñas
gotas de agua que casi parecen la representación de mis lágrimas.
- ¡ Oye guapa!, ¿quieres matarme de una pulmonía o qué? -mi amiga solo lleva
puesto un albornoz amarillo sobre la ropa interior-
- Es que sentía el ambiente muy cargado -digo cerrando la ventana- bueno,
será mejor que me vaya a duchar.
Lentamente me quito la ropa. En frente de mí hay un espejo de cuerpo entero. No puedo evitarlo y me pongo
a mirarme en él. He adelgazado mucho desde ese día...
Aparto su mano cuando intenta quitarme el vestido.
- No quiero que me veas desnuda -le digo bajando la vista- estoy
muy gorda.
- ¿Y a mí eso que más me da? -me coge de la barbilla y me obliga a mirarle
a los ojos- voy a hacerlo con mi novia, no solamente con tu cuerpo...
- Eso da igual... me siento fea.
- Elena, no has de preocuparte por eso ahora, primero tú no eres fea, para mi eres la más guapa del mundo...
tal y como eres -me besa suavemente en los labios- y esta noche eres la mujer
mas bella del universo.
Se reclina sobre mí y yo me tumbo suavemente sobre la cama. Sus besos se hacen más dulces y sus caricias
más certeras...
- ¿Te has caído por la taza del water? -grita Nerea aporreando la puerta-
- No, enseguida termino.
El agua caliente es para mi cuerpo como nueva vida, con ella arrastra todos los recuerdos y parece que nada
hubiese pasado. Me agarro al borde del lavabo para no escurrirme al salir de la bañera. La ropa que me he
comprado a la tarde me espera perfectamente doblada. Me da mucha vergüenza vestirme delante de alguien,
aunque sea delante de Nerea. Delante de él también me avergonzaba.
- Date la vuelta por favor, me da vergüenza que me veas vestirme.
Me mira extrañado pero al final se pone mirando contra una pared y yo poniéndome de espaldas a él me visto.
- Elena -yo paro de vestirme- te esta costando mucho
abrocharte el sostén... ¿ te ayudo?.
Me giro sorprendida. Un espejo está justo delante de él. Avergonzada comienzo a darle pequeños puñetazos
en el pecho.
- ¡ Imbécil!, ¡ te dije que no miraras! -me agarra las manos y me abraza contra
él-
- Por favor Elena, no te enfades conmigo te lo ruego, por favor, no tienes que sentirte
avergonzada conmigo por nada... perdóname no quería hacerte sentir mal ni hacerte llorar... jamás haría
nada para hacerte daño.
Me termino de abrochar la falda y salgo para que Nerea pueda maquillarme. En eso siempre ha sido más mañosa
que yo. Mi amiga es muy coqueta, me digo mientras sentada en la cama veo como se maquilla con rapidez.
- Anda ven, que te maquille, que siempre vas la mar de sosa... No sé como puedes salir
a la calle con la cara tan limpia... yo no podría.
- Claro, pero tu no puedes porque tienes unas ojeras de irte de juerga de mucho cuidado, y si salieras así
parecerías un monstruo.
- ¡ Anda lo que me ha dicho! -Nerea se hace la ofendida- serás...
Ambas nos echamos a reír. Me encanta meterme con mi amiga, sé que nunca se lo toma a mal, es la única con
la que puedo ser así... aunque admito que a veces no tengo mucho tacto con la gente. Otro recuerdo sobre
él viene a mi mente, pero lo reprimo. Sé que Nerea se ha dado cuenta de que intento no recordar algo que
nos pasó a los dos, tiene un sexto sentido cuando se trata de mí. Me toca el hombro intentando hacerme volver
a la realidad. Pongo mi mirada ligeramente perdida en ella y le sonrió tristemente.
- Estoy bien, no pasa nada.
- Bueno... ¿ nos vamos a la fiesta?, son casi las diez y mientras llegamos será una buena hora, seguro que
ya habrá gente y tendrán pillao el puntillo -dice simulando beber de una botella-
Mi amiga insiste en que vayamos en su coche y luego me quede a dormir en su casa. Yo le digo que no hace
falta que me quede a dormir con ella, pero como de costumbre insiste tanto que no me queda otro remedio
que decirle que sí.
Por el camino Nerea me va contando algunas cosas, pero no le presto mucha atención aunque por el contesto
supongo que me esta hablando del muchacho que va a dar la fiesta. Se llama Javier- por lo menos eso creo
haber oído... ¿ o era Julián?- es compañero suyo en la facultad y según palabras textuales de la propia
Nerea “ esta para hacerle cuatro o cinco favores”. Luego creo que ha seguido diciendo un sin fin de cualidades
físicas del chico...¿ sigue hablando de eso?
- ¿Me estás escuchando? -me pregunta de pronto-
- ¡ Claro!, ¿ acaso lo dudas? -intento evadirme como puedo de la pregunta-
- Pues sí, con la cara que estabas poniendo. Bueno de todas formas da igual ya hemos
llegado.
La Ambulancia se paró frente al hospital, podía percibir el reflejo de las luces rojas, pero mis ojos están
fijos en los de él.
- ¿ Ya hemos llegado? -pregunta haciendo una mueca de dolor-
- Sí, tranquilo -le digo retirándole un mechón del pelo- no
pasará nada, todo saldrá bien.
La casa del tal Javier- o Julián, que todavía no me acuerdo de qué nombre dijo- era una especie de chalecito
situado junto a la ribera del Manzanares, cerca del Puente de los Franceses. La temperatura desde el piso
de mi amiga hasta el lugar de la fiesta ha bajado un par de grados y el estar cerca del río hace que esta
variación parezca aún mayor... ¿ o soy yo la que lo siento así?
La fiesta está muy animada, hay mucha gente, pero yo la verdad es que me siento muy sola. Nerea nada más
ver a un chico, que por lo poco que escuche debe ser Javier, se lanza sobre él y le besa apasionadamente.
No sabía que Nerea estuviera enrollada con él... Esto confirma lo que pensaba, hoy no me haría caso mi amiga,
pero no la culpaba... yo también aprovecharía cada momento si estuviera con alguien... o si él estuviese
aquí.
Cojo mi abrigo, me lo abrocho y subo el cuello hasta las orejas para no tener frío. La zona la conocía,
mi tía había vivido allí. Bajo hasta la ribera para dar una vuelta por el margen del río... pero cada cierto
tiempo me giro hacía atrás, tengo la extraña sensación de que alguien me sigue.
- Creo que alguien nos está siguiendo...
- Elena, no digas tonterías.
- Sí, alguien nos sigue...
Por segunda vez me vuelvo a girar. He visto a alguien escondiéndose tras un árbol, estoy segura... me da
miedo girarme. Dudo durante unos segundos y luego me lanzo en una desesperada carrera río abajo.
- ¡ Espera!
Es la voz de un hombre... cada vez el miedo se adueña más de mí, pero noto como poco a poco, comienzo a
cansarme... mi ritmo se vuelve cada vez más lento, detrás de mí noto como mi perseguidor ha echado a correr
detrás mía. Me paro a la altura de uno de los puentes que hay para cruzar de un lado a otro del río, dispuesta
a defenderme si es necesario.
Mi perseguidor se ha parado a unos metros míos. Me mira detenidamente, como calibrando hasta que punto estoy
atemorizada.
- No quería asustarte -su voz suena tranquilizadora, pero yo no me fío- soy
David, un amigo de Javier... ¿ tú eres amiga de Nerea, verdad?.
- Sí... bueno no... es decir, sí, soy amiga suya -el tal David sonríe-
Más tranquila puedo dedicarme a inspeccionarle. Es un chico alto, de pelo negro que lleva un poco largo...
tiene la piel tostada, y los ojos oscuros. A pesar de no haberlo visto nunca, tiene un aire que me resulta
tremendamente familiar.
- A mi tampoco me gustaba la fiesta -me dice acercándose a mí-
- No es que no me gustara, pero no conozco a nadie allí dentro y me sentía fuera de
lugar... además Nerea y Javier... bueno.
- Entiendo... ¿te apetece pasear un rato?
Su mirada es tranquilizadora y decido aceptar. David y yo comenzamos a andar por la ribera del río en dirección
al Paseo de la Florida. Mientras tanto me cuenta toda su vida. Al parecer es canario y está en Madrid terminando
sus estudios. Javier y él se conocieron cuando eran pequeños en unas vacaciones. Tomamos el metro, mientras
me notifica que está estudiando telecomunicaciones y que, según me cuenta, le va muy bien en la carrera.
El Teatro Real está muy bonito y las calles del centro de la capital muy desiertas, al no ser por la poca
gente joven que a esas horas sale o aguardan cola para entrar el la Joy. Cuando pasamos por delante de la
discoteca David me cuenta que rompió con su novia hace casi medio año, porque ella no podía aguantar la
distancia.
- ¿Y tú qué? -me dice mirándome con picardía- todavía
no sé nada de ti... ¡ seguro que tienes un montón de pretendientes!
Bajo la vista y la fijo en el suelo, y aunque en el fondo de mis pensamientos no me apetece hablar de ello,
me oigo a mí misma contándoselo todo... Creo que estamos sentados en un banco, pero tampoco puedo asegurarlo.
David me mira, o eso parece, me escucha atento sin interrumpirme ni una vez, y sólo se mueve para darme
un pañuelo de papel cuando sin querer comienzo a llorar. Cuando termino de contárselo todo, guarda silencio
durante unos momentos. Yo me siento avergonzada, nunca me había sincerado con alguien de esta manera.
- Lo siento -me dice- debía ser una magnífica persona
para que una chica como tú esté así por él.
- Apenas me conoces...
- Supongo que tienes razón, pero me has abierto tu alma y tu corazón y eso ayuda mucho a conocer a una persona.
La situación se está volviendo ligeramente embarazosa, por suerte el pitido de mi móvil la rompe por completo.
Es Nerea que preocupada por mí por fin a conseguido encontrar mi número de teléfono apuntado en su agenda.
Le explico lo ocurrido y donde estoy, y le pido que se vuelva ella para casa, que ya iré yo. David ha estado
en silencio, mirando el Teatro, que por la noche está maravillosamente iluminado. Cuelgo el aparato y me
vuelvo hacía él.
- ¿ Te apetecería tomar un chocolate caliente?... seguro que San Ginés aún está abierto
-le digo sonriente-
No puedo dejar de reír con él y no me deja tomarme tranquilamente mi chocolate, estoy llena de boceras del
líquido color marrón. Mi corazón está sonriente. David vuelve a gastar una broma, esta vez criticando a
un par de chicas que maquilladas hasta las cejas han entrado en el local. El sol comienza a salir por el
cielo de Madrid. La casa del canario está muy cerca de dónde estamos y se ofrece a llevarme en coche hasta
donde vive Nerea. Acepto encantada... no quiero que está noche termine nunca.
- ¡ Nunca me lo había pasado tan bien! -me dice sonriente-
- Eso mismo estaba pensando yo -le contesto- hacía tiempo
que no me reía tanto.
- Bueno y eso que mis chistes son muy malos... yo creí que te daba algo en la chocolatería, no parabas de
reír.
Por fin llegamos a la casa de Nerea. David me da un beso en la mejilla... nada más. Me despido de él un
tanto decepcionada, y saco la copia de las llaves de la casa de mi amiga que siempre llevo encima, mientras
veo como se aleja el coche de David. En ese momento me acuerdo de que no le he dado mi teléfono... me habría
gustado salir más con él.
Mi amiga se despierta nada más oírme entrar en la habitación. Se sienta en su cama, mientras le cuento todo
lo que ha sucedido. Ella me mira, atenta a mis gestos. Mi cara sonríe cuando comienzo a decirle lo maravillosa
que ha sido la noche, y lo bien que me lo he pasado con David... luego creo que he comenzado a hablar del
canario elogiando lo maravilloso qué es.
- Te gusta.
- ¿Qué dices? -le digo sorprendida- apenas le conozco.
- Mira Elena -me dice mi amiga mirándome a los ojos- sólo he visto esa mirada
en ti en una ocasión y con una persona... lo tuyo ha sido un flechazo.
- ¡ No digas tonterías!
- Primera señal: negar la evidencia -me dice con un tinte de burla en su voz... eso se lo suelo decir
yo siempre-
Ha pasado casi un mes desde que pasó lo de David y no he vuelto a saber nada de él. He intentado pasarme
por la facultad de telecomunicaciones a ver si por casualidad me le encontraba... pero no ha sido posible.
Nerea me ha prometido conseguirme el teléfono, pero ahora que ha roto con Javier será muy difícil. Mis apuntes
me dan vueltas en la cabeza... creo que estoy estudiando demasiado, pero con los exámenes no tengo otro
remedio.
Decido hacer un descanso. Pongo el Concierto de Aranjuez del Maestro Rodrigo en el aparato de música y me
meto en la cocina a prepararme un café. El teléfono suena.
- Hola, buenas tardes, ¿se podría poner Elena, por favor?
- Sí, soy yo.
- Soy David.
- ¡ David! -digo con un entusiasmo que hasta a mí me sorprende- vaya... ¿cómo
has conseguido mi teléfono-
- El otro día me encontré con Nerea y me lo dio... no he podido dejar de pensar en San Ginés... -me
sonrojó, menos mal que él no está delante- Elena, ¿ te gustaría ir conmigo al cine
este finde?
Me está proponiendo una cita. Casi no me lo puedo creer. El viernes tengo el último examen. Le contesto
que sí, y quedamos para el sábado. Pero antes de colgarle, recuerdo algo...
- David...
- ¿ Qué?
- ¿ Te importaría que quedásemos mejor el domingo?, he de hacer algo...
- No, no pasa nada... te entiendo -el canario parece haberme leído el pensamiento-
Quito las flores del pequeño jarrón de plástico en el que están metidas y las cambio por los claveles que
acabo de comprar en la entrada. Hay una fuente cercana y les echo un poco de agua para ver si duran más.
Hace mucho calor hoy y un sol maravilloso. Me siento suavemente sobre la lapida y la acaricio con mi mano
izquierda.
- Siento no haberte venido a visitar antes, pero no podía, he estado demasiado mal,
me dejaste muy sola... ¿ Sabes?, hace poco he estado con Nerea repasando las fotos de la pandilla, hay en
una que estamos los tres, y tu la miras a ella con cara de cordero degollado... ¿ recuerdas la que te arme?,
me puse muy celosa, siempre tenía miedo de que te enamoraras de otra, yo nunca he sido nada del otro mundo...
ya sabes la cantidad de complejos que tengo... aunque a veces parece que así no sea, hay días en que me
levanto más tonta y al mirarme al espejo... bueno, ¿ qué puedo decirte que no sepas ya?
Me quito lentamente las gafas de sol, mientras saco de mi bolso un pañuelo para secar las lágrimas que caen
por mis mejillas.
- ¿ Porqué tuviste que hacer nada?- grito-
eran tres, y sólo era un reloj... si se lo hubiera dado tu ahora no estarías allí, y yo no lloraría la muerte
de mi único amor... ahora el reloj es lo último que me queda de ti... el reloj y mis recuerdos... He intentado
olvidarte, encerrar mi dolor en una cajita cerca del corazón, pero no he podido... pero bueno, hoy no estoy
aquí para que llores, sino para darte una buena noticia, o eso creo que es... ¿ te acuerdas de la última
promesa que te hice?... mañana salgo con él, se llama David... en algunas cosas me recuerda a ti, consigue
hacer que olvide todo lo que me rodea... no sé si saldrá bien o mal, aunque voy a intentar con todas mis
fuerzas que salga bien. Pero, sé que jamás llegaré a amar a nadie como te he amado a ti... todavía sigues
siendo lo único que me impulsa a vivir.
Me llevo las manos a la cabeza para serenarme un poco. Después lentamente me levanto y me echo el bolso
al hombro. Poso sobre la tumba el jarrón con las flores y dándome un beso sobre las yema de los dedos, las
pongo sobre la lápida.
- Otro día vendré a contarte más cosas... siempre te querré Fernando.

Lythene |