Madrid despierta, yo también. Me levanto de un salto de la cama y descorro las cortinas de mi habitación. Me pongo el reloj que siempre tengo encima de la mesilla.

-” tu sonrisa es el mejor regalo”, pienso-

-desenvuelvo apresuradamente el paquete-

Me abraza rápido, me da un corte beso en la boca y echa a correr para coger el autobús hacia su trabajo.

Luego sentada en la cama miro distraídamente por la ventana, hoy es un día cualquiera, gris como siempre... siempre es un día gris.
Aparecen los médicos en la sala...

- dice el cirujano-

Lo último que oigo son los gritos de mi madre cuando me desmayo.

Me visto rápidamente, ya he perdido demasiado tiempo hoy volviendo a recordar, siempre lo hago, no puedo evitarlo. Corriendo bajo a desayunar.



-doy un beso a mi padre-





-en ese momento llega mi madre-

- grito, mis padres se me quedan mirando- -bebo rápidamente el café-

Cojo mi abrigo apresuradamente y las llaves de mi moto y antes de abrir la puerta escucho a mi padre decir:

- cierro de un portazo antes de que termine la frase-

La puerta del garaje se abre, subo a mi moto y meto la llave en el contacto lo giro y suena el ruido que me indica que el motor ha arrancado a la primera.



le aprieto la mano y le doy un beso en los labios-

su cara se convierte en una mueca de dolor-

-le digo mientras se lo llevan al quirófano y se me resbalan las lágrimas.

Cuando recupero el sentido de la realidad, las puertas están comenzando a cerrarse, piso el acelerador y salgo del garaje. La autopista está muy tranquila, hoy no hay prácticamente tráfico, ¡ cómo se nota que es sábado a primera hora!. Tardo cerca de una hora en llegar al apartamento de Nerea, ya podría habérselo buscado más céntrico. Dejo la moto aparcada en una esquina, atada a una farola para que no me la roben. Sólo tengo que andar unos metros para llegar a la casa de mi amiga. Llamo al portero.



Abro las puertas de hierro forjado y entro en el gran portal de mármol, uso el viejo ascensor de madera para llegar al octavo piso, hoy estoy muy vaga y no me apetece subir andando. Cuando llamo al timbre me abre Taliana, la compañera de piso de Nerea, una estudiante de intercambio yugoslava.

-me dice sonriendo-



Paso el pasillo corriendo y entro en la habitación de Nerea. Mi amiga está sentada en la cama y ha movido la mesa de estudio para poder estudiar tumbada. Está enfrascada en un difícil tema de química y me saluda mientras termina de leer la página. Suelto el bolso y cuelgo el abrigo en una percha. Me siento a los pies de la cama de mi amiga.

-me dice guiñándome un ojo y retorciendo con el índice y el pulgar un mechón de su pelo-



No tengo muchas ganas, pero Nerea es tan pesada que por que me deje en paz, accedo a ir a la fiesta sin estar todavía muy convencida. Después hablamos un poco de lo bien que le va a ella en la facultad de química y de mis magníficos exámenes en la facultad de geografía.

-me pregunta mi amiga-

-digo mirando el reloj-



De casa de mi amiga al centro de la ciudad hay un buen trecho, y dado la hora que es decido dejar la moto ahí y coger el metro, además la línea de Opera es la misma. No tarde ni veinte minutos en llegar al Palacio Real y con ello al Paseo de Oriente. Ando despacio, parándome en algunas estatuas y luego admiro el Teatro Real.



Estamos sentados en un banco enfrente de una estatua de un rey con cara de pocos amigo. Me pasa el brazo por encima del hombro, yo apoyo la cabeza en él.

-me susurra y allí nos besamos-

Una paloma se ha posado a mis pies, está bebiendo agua en un charquito que ha dejado la lluvia de los últimos días. Levanta la cabeza, me mira y se va volando, como un alma que atravesara los tejados de Madrid. El ruido del llanto de un niño, que se ha caído mientras jugaba al fútbol, me saca de mis pensamientos, miro el reloj. Dentro de media hora he quedado con Nerea, ¿ Cojo el metro o voy andando?. Decido ir dando un paseo por las calles de Madrid.

La gente se apresura en sus compras, veo algunos grupos de amigos paseando y el cartel de las rebajas de enero en los comercios y, por esas casualidades, que a veces hacen del destino un cruel amigo, veo a un muchacho igual que él. Me le quedo mirando mientras pasa agarrando a una chica muy guapa por la cintura.

Paso por delante del Corte Inglés, dos conductores discuten en la cola para entrar al aparcamiento, al parecer se han golpeado por detrás, no paran de gritar y los cláxones de los demás coches suenan sin descanso, el ruido es insoportable. Apresuro el paso, tengo ganas de pasar ese ruido ensordecedor y escuchar sólo el barullo de la gente haciendo sus compras.

El restaurante donde he quedado con Nerea esta cerca de la Plaza Mayor. Llego con diez minutos de retraso, como siempre, pero mi amiga ya está acostumbrada a mis tardanzas.

-me contesta él-

-y se comienza a reír, suavemente como sólo él sabe-



La mesa que nos dan está cerca de una pequeña ventana. Pedimos las dos una founde de carne, la especialidad de “ El Rincón Brujo”. Durante la comida Nerea me cuenta que a la fiesta van a ir unos cuantos amigos suyos de la facultad. Según me dice Nerea ella anda detrás del anfitrión y tiene pensado ligárselo esta noche, pero si salía mal...

-digo entre ofendida y a punto de reírme-

- pregunto -

- acabo por ceder-

Mi amiga paga la cuenta y se va al lavabo, yo aprovecho para llamar a mi madre y decirle que esta noche llegaré muy tarde. Nerea siempre dice que soy demasiado responsable, siempre llamando a mis padres cuando me voy a retrasar más de cinco minutos. Luego me lleva a una tienda llamada “ PINKIE”, que está muy cerquita de Callao, me hace probarme varios modelitos y al final me decido por una minifalda y una camiseta negras, la camiseta tiene una raya diagonal en verde.

-dice mi amiga- -me sugiere lanzándomela-

Entro en el probador y me la pongo, me miro al espejo, la verdad es que no me queda nada mal, Nerea tiene buen ojo para estas cosas.

- exclama poniendo cara de perro tristón-



Después de las nuevas adquisiciones para mi vestuario, nos damos unas vueltas por “Mango” y “Zara”, tiendas más acordes con mi estilo y a eso de las seis de la tarde nos vamos a casa de Nerea para prepararnos para la fiesta.

Suelto las bolsas en un sofá nada más entrar en el apartamento, estoy muy cansada, mi amiga me hecho pegar una buena caminata hoy. Luego me arrastró hasta su habitación y me tumbo en la cama, agarrando a un osito de peluche que tiene encima.

-dijo él-

Acabábamos de llegar al hospital. La habitación de Nerea en la planta de cirugía, es de lo más deprimente, toda pintada de verde. Pero gracias a nosotros, ahora está más alegre.

-dice abrazando al enorme oso de peluche que le ha regalado- .

-dice asomando la cabeza por la puerta-

-me dice mi amiga mirando con preocupación al oso-



Nerea coge una toalla de su armario y su ropa interior y corre a la ducha, yo me quedo durante unos momentos mirando al techo. Por un momento parece que nada es real, que estoy flotando en una nube y puedo oír su voz, llamándome desde alguna parte, pero cuando me doy cuenta es sólo el sonido de la voz de Nerea tarareando una pequeña pieza de música clásica.

Luego comienzo a recorrer con la mirada la habitación de mi amiga, todo parece irreal. Me incorporo lentamente sin soltar el gran oso de peluche y le acarició la cabeza. Entonces veo la foto. Estamos los tres en la playa, él me tiene cogida por la cintura, Nerea esta un poco hacia atrás, mirándonos divertida.

- le digo pegándole un golpe en el brazo-

-dice Nerea riendo-

Raquel otra amiga nuestra esta sacando la fotografía, vemos el flash y entonces nos caemos. Él me da un beso mientras yo me froto la cabeza que me duele por el golpe.

Seco una lágrima que se resbala suavemente por mi mejilla derecha. Soy una sentimental no lo podré evitar nunca. Vuelco el marco donde esta la fotografía boca abajo sobre el escritorio de Nerea. A pesar de ser invierno me parece que hace mucho calor, me acerco a la ventana y la abro de par en par sintiendo unas pequeñas gotas de agua que casi parecen la representación de mis lágrimas.

-mi amiga solo lleva puesto un albornoz amarillo sobre la ropa interior-

-digo cerrando la ventana-

Lentamente me quito la ropa. En frente de mí hay un espejo de cuerpo entero. No puedo evitarlo y me pongo a mirarme en él. He adelgazado mucho desde ese día...

Aparto su mano cuando intenta quitarme el vestido.

-le digo bajando la vista-

-me coge de la barbilla y me obliga a mirarle a los ojos-

-me besa suavemente en los labios-

Se reclina sobre mí y yo me tumbo suavemente sobre la cama. Sus besos se hacen más dulces y sus caricias más certeras...

-grita Nerea aporreando la puerta-



El agua caliente es para mi cuerpo como nueva vida, con ella arrastra todos los recuerdos y parece que nada hubiese pasado. Me agarro al borde del lavabo para no escurrirme al salir de la bañera. La ropa que me he comprado a la tarde me espera perfectamente doblada. Me da mucha vergüenza vestirme delante de alguien, aunque sea delante de Nerea. Delante de él también me avergonzaba.



Me mira extrañado pero al final se pone mirando contra una pared y yo poniéndome de espaldas a él me visto.

-yo paro de vestirme-

Me giro sorprendida. Un espejo está justo delante de él. Avergonzada comienzo a darle pequeños puñetazos en el pecho.

-me agarra las manos y me abraza contra él-



Me termino de abrochar la falda y salgo para que Nerea pueda maquillarme. En eso siempre ha sido más mañosa que yo. Mi amiga es muy coqueta, me digo mientras sentada en la cama veo como se maquilla con rapidez.

-Nerea se hace la ofendida-
Ambas nos echamos a reír. Me encanta meterme con mi amiga, sé que nunca se lo toma a mal, es la única con la que puedo ser así... aunque admito que a veces no tengo mucho tacto con la gente. Otro recuerdo sobre él viene a mi mente, pero lo reprimo. Sé que Nerea se ha dado cuenta de que intento no recordar algo que nos pasó a los dos, tiene un sexto sentido cuando se trata de mí. Me toca el hombro intentando hacerme volver a la realidad. Pongo mi mirada ligeramente perdida en ella y le sonrió tristemente.

-dice simulando beber de una botella-

Mi amiga insiste en que vayamos en su coche y luego me quede a dormir en su casa. Yo le digo que no hace falta que me quede a dormir con ella, pero como de costumbre insiste tanto que no me queda otro remedio que decirle que sí.

Por el camino Nerea me va contando algunas cosas, pero no le presto mucha atención aunque por el contesto supongo que me esta hablando del muchacho que va a dar la fiesta. Se llama Javier- por lo menos eso creo haber oído... ¿ o era Julián?- es compañero suyo en la facultad y según palabras textuales de la propia Nerea “ esta para hacerle cuatro o cinco favores”. Luego creo que ha seguido diciendo un sin fin de cualidades físicas del chico...¿ sigue hablando de eso?

-me pregunta de pronto-

-intento evadirme como puedo de la pregunta-



La Ambulancia se paró frente al hospital, podía percibir el reflejo de las luces rojas, pero mis ojos están fijos en los de él.

-pregunta haciendo una mueca de dolor-

-le digo retirándole un mechón del pelo-

La casa del tal Javier- o Julián, que todavía no me acuerdo de qué nombre dijo- era una especie de chalecito situado junto a la ribera del Manzanares, cerca del Puente de los Franceses. La temperatura desde el piso de mi amiga hasta el lugar de la fiesta ha bajado un par de grados y el estar cerca del río hace que esta variación parezca aún mayor... ¿ o soy yo la que lo siento así?

La fiesta está muy animada, hay mucha gente, pero yo la verdad es que me siento muy sola. Nerea nada más ver a un chico, que por lo poco que escuche debe ser Javier, se lanza sobre él y le besa apasionadamente. No sabía que Nerea estuviera enrollada con él... Esto confirma lo que pensaba, hoy no me haría caso mi amiga, pero no la culpaba... yo también aprovecharía cada momento si estuviera con alguien... o si él estuviese aquí.

Cojo mi abrigo, me lo abrocho y subo el cuello hasta las orejas para no tener frío. La zona la conocía, mi tía había vivido allí. Bajo hasta la ribera para dar una vuelta por el margen del río... pero cada cierto tiempo me giro hacía atrás, tengo la extraña sensación de que alguien me sigue.



Por segunda vez me vuelvo a girar. He visto a alguien escondiéndose tras un árbol, estoy segura... me da miedo girarme. Dudo durante unos segundos y luego me lanzo en una desesperada carrera río abajo.



Es la voz de un hombre... cada vez el miedo se adueña más de mí, pero noto como poco a poco, comienzo a cansarme... mi ritmo se vuelve cada vez más lento, detrás de mí noto como mi perseguidor ha echado a correr detrás mía. Me paro a la altura de uno de los puentes que hay para cruzar de un lado a otro del río, dispuesta a defenderme si es necesario.

Mi perseguidor se ha parado a unos metros míos. Me mira detenidamente, como calibrando hasta que punto estoy atemorizada.

-su voz suena tranquilizadora, pero yo no me fío-

-el tal David sonríe-

Más tranquila puedo dedicarme a inspeccionarle. Es un chico alto, de pelo negro que lleva un poco largo... tiene la piel tostada, y los ojos oscuros. A pesar de no haberlo visto nunca, tiene un aire que me resulta tremendamente familiar.

-me dice acercándose a mí-



Su mirada es tranquilizadora y decido aceptar. David y yo comenzamos a andar por la ribera del río en dirección al Paseo de la Florida. Mientras tanto me cuenta toda su vida. Al parecer es canario y está en Madrid terminando sus estudios. Javier y él se conocieron cuando eran pequeños en unas vacaciones. Tomamos el metro, mientras me notifica que está estudiando telecomunicaciones y que, según me cuenta, le va muy bien en la carrera.

El Teatro Real está muy bonito y las calles del centro de la capital muy desiertas, al no ser por la poca gente joven que a esas horas sale o aguardan cola para entrar el la Joy. Cuando pasamos por delante de la discoteca David me cuenta que rompió con su novia hace casi medio año, porque ella no podía aguantar la distancia.

-me dice mirándome con picardía-

Bajo la vista y la fijo en el suelo, y aunque en el fondo de mis pensamientos no me apetece hablar de ello, me oigo a mí misma contándoselo todo... Creo que estamos sentados en un banco, pero tampoco puedo asegurarlo. David me mira, o eso parece, me escucha atento sin interrumpirme ni una vez, y sólo se mueve para darme un pañuelo de papel cuando sin querer comienzo a llorar. Cuando termino de contárselo todo, guarda silencio durante unos momentos. Yo me siento avergonzada, nunca me había sincerado con alguien de esta manera.

-me dice-

La situación se está volviendo ligeramente embarazosa, por suerte el pitido de mi móvil la rompe por completo. Es Nerea que preocupada por mí por fin a conseguido encontrar mi número de teléfono apuntado en su agenda. Le explico lo ocurrido y donde estoy, y le pido que se vuelva ella para casa, que ya iré yo. David ha estado en silencio, mirando el Teatro, que por la noche está maravillosamente iluminado. Cuelgo el aparato y me vuelvo hacía él.

-le digo sonriente-

No puedo dejar de reír con él y no me deja tomarme tranquilamente mi chocolate, estoy llena de boceras del líquido color marrón. Mi corazón está sonriente. David vuelve a gastar una broma, esta vez criticando a un par de chicas que maquilladas hasta las cejas han entrado en el local. El sol comienza a salir por el cielo de Madrid. La casa del canario está muy cerca de dónde estamos y se ofrece a llevarme en coche hasta donde vive Nerea. Acepto encantada... no quiero que está noche termine nunca.

-me dice sonriente-

-le contesto-

Por fin llegamos a la casa de Nerea. David me da un beso en la mejilla... nada más. Me despido de él un tanto decepcionada, y saco la copia de las llaves de la casa de mi amiga que siempre llevo encima, mientras veo como se aleja el coche de David. En ese momento me acuerdo de que no le he dado mi teléfono... me habría gustado salir más con él.

Mi amiga se despierta nada más oírme entrar en la habitación. Se sienta en su cama, mientras le cuento todo lo que ha sucedido. Ella me mira, atenta a mis gestos. Mi cara sonríe cuando comienzo a decirle lo maravillosa que ha sido la noche, y lo bien que me lo he pasado con David... luego creo que he comenzado a hablar del canario elogiando lo maravilloso qué es.

-le digo sorprendida- -me dice mi amiga mirándome a los ojos- -me dice con un tinte de burla en su voz... eso se lo suelo decir yo siempre-

Ha pasado casi un mes desde que pasó lo de David y no he vuelto a saber nada de él. He intentado pasarme por la facultad de telecomunicaciones a ver si por casualidad me le encontraba... pero no ha sido posible. Nerea me ha prometido conseguirme el teléfono, pero ahora que ha roto con Javier será muy difícil. Mis apuntes me dan vueltas en la cabeza... creo que estoy estudiando demasiado, pero con los exámenes no tengo otro remedio.

Decido hacer un descanso. Pongo el Concierto de Aranjuez del Maestro Rodrigo en el aparato de música y me meto en la cocina a prepararme un café. El teléfono suena.

-digo con un entusiasmo que hasta a mí me sorprende- . -me sonrojó, menos mal que él no está delante-

Me está proponiendo una cita. Casi no me lo puedo creer. El viernes tengo el último examen. Le contesto que sí, y quedamos para el sábado. Pero antes de colgarle, recuerdo algo...

-el canario parece haberme leído el pensamiento-

Quito las flores del pequeño jarrón de plástico en el que están metidas y las cambio por los claveles que acabo de comprar en la entrada. Hay una fuente cercana y les echo un poco de agua para ver si duran más.
Hace mucho calor hoy y un sol maravilloso. Me siento suavemente sobre la lapida y la acaricio con mi mano izquierda.



Me quito lentamente las gafas de sol, mientras saco de mi bolso un pañuelo para secar las lágrimas que caen por mis mejillas.

grito

Me llevo las manos a la cabeza para serenarme un poco. Después lentamente me levanto y me echo el bolso al hombro. Poso sobre la tumba el jarrón con las flores y dándome un beso sobre las yema de los dedos, las pongo sobre la lápida.

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Lythene