En otro tiempo,
hace cientos de años…
se cuenta una historia,
tal vez una simple leyenda.

Narra la historia de un caballero
que partió a una dura batalla,
tan solo dos días desde su boda,
tan solo dos días con su amada.

Mientras cabalgaba, en ella pensaba,
sabía que debía volver al castillo
no podía perder la esperanza
aunque fuerte fuera el enemigo.

Sir Gallad luchó valientemente
pero herido fue en batalla
su herida mucho sangraba
y todos pensaban que se moriría
aunque tuvo fuerzas para escribir una carta,
carta dedicada a su dulce amada:

“Es en tus brazos donde quisiera estar
son tus besos lo que quisiera sentir,
la mañana se me hace larga
y no sé si hoy voy a morir…

Pero guarda esas lágrimas mi dama
guárdalas porque siempre me tendrás,
mira las estrellas del cielo
y allí me tendrás,
mira el lago de nuestro reino
y allí me encontrarás,
mira en lo más profundo de tu corazón
y allí me verás.

No llores,
pues sólo muere mi cuerpo mortal,
mi alma contigo siempre estará.
Se contará que maté muchos enemigos
y te honraré con mi última hazaña,
hoy me alzaré en batalla
y cada enemigo que venza
será prueba
de mi honor,
mi gallardía
y de mi amor.

Sólo os pido un último favor,
guardad esas lágrimas,
contened vuestro corazón,
pues pronto volveré
y te abrazaré, mi amor”

Tras escribir su carta
el noble Sir Gallad
se puso en pie,
sosteniendo con una mano
la herida
que acabaría con su vida.

En el amanecer luchó
con sus compañeros,
cientos de enemigos
por su espada cayeron.
Él murió en batalla
como todo noble caballero,
murió por defender el reino
el reino de su amada.

Su amada en el reino recibía la carta,
con desaliento recibía la noticia,
su dulce caballero
había caído en batalla.

Era una fría noche para ella
mas se sentía sola y desamparada,
entonces las ventanas se abrieron,
las velas se apagaron
y a ella la envolvió el viento,
escuchó una voz,
era su amado caballero.

“Os prometí volver junto a vos,
nada me apartara de ti,
ni siquiera la muerte
puede vencer al corazón,
déjame dormir a tu lado
protegeros de todo mal
como siempre hice,
déjame dormir a tu lado
y morir en tus brazos”

La dama comprendió entonces
que la muerte del caballero no era tal
pues sabía que siempre lo tendría
cerca y a su lado
en su alma y en su corazón
y que al final de sus días
juntos por siempre
y sin penas ni miedo
se reunirían los dos.

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Agrevain