Con sólo un chasquido de dedos se puede cambiar millones de cosas... una mirada, un gesto o un pensamiento, y ya todo es distinto. Es difícil convencerse de que todo cuanto acontece a nuestro alrededor se reduce a un pequeño e insignificante instante, que revoluciona y modifica el universo, marcando las pautas de lo que algunos denominan como destino (aunque yo prefiero llamarlo “casualidad”)

Cierto es que cada vida es un mundo, una historia distinta que solo conoce su propietario y nadie más, pero cada decisión que tomamos, cada acto que cometemos, juega el mismo papel que una pieza de dominó, que cae, haciendo caer al resto de piezas. Desde la primera a la última, una tras otra... si una cae, todas caen. Es una cadena que no puede parar, y que nada ni nadie puede impedir que siga con su propósito final.

Este gran secreto a voces es valioso, a la vez que maldito. Nunca sabemos hacia dónde girará esta ruleta de la fortuna en su próximo turno, y mucho menos en qué lugar parará. El ser humano, aunque intente negarlo y autoconvencerse de lo contrario, puede dejar de ser el poseedor y, a causa de un mal movimiento, convertirse en el poseído. ¿Acaso pensamos que las cosas suceden porque sí?

Sólo hay que mirar al exterior, agudizar nuestros sentidos más olvidados y percatarse de cómo se mueve el mundo. Lo más simple puede llegar a ser lo más devastador. Cualquier ser reducido a una vida normal y corriente puede convertirse por un momento en una especie de dios, que controle todo y lo mueva de igual forma que si se tratara de unas piezas de ajedrez sobre ese tablero llamado Tierra.

Con sólo alzar la vista más allá del Océano, observamos a un pueblerino mundano que únicamente necesitó de una idea vil e interesada para hacer que las vidas de millones de personas hayan cambiado y sean completamente distintas a lo que eran. Son gentes que en apariencia no tienen ningún tipo de lazos unas con otras. Distintos países, distintas culturas enfrentadas entre sí, distintas ideas, pero el mínimo pensamiento de una sola persona ha hecho que todas estén encadenadas y giren en torno a las palabras decisivas de su “dios momentáneo”. Fueron las acciones de un hombre las que produjeron la II Guerra Mundial, y son las acciones de un hombre las que acontecen al preludio de la III Guerra en los días en que vivimos.

Pero no todas las pequeñas cosas llevan a grandes males, en la historia también hubo pequeños gestos que modificaron al ser humano para mejor. ¿Quién no conoce a dos grandes personas que desde un pequeño rincón de la India revolucionaron los conceptos de determinación y fuerza, sustituyéndolos por los de respeto y paz? Y al igual que ellos, otros muchos han hecho grandes bienes a partir de unos sueños que consiguieron hacerlos realidad.

Muchos de nosotros anhelamos con poseer vidas distintas, con no ser quienes somos, con no venir de donde venimos... y más de una vez nos hemos cuestionado eso de “si tan sólo pudieran cambiar algunas cosas”. Pero nadie se ha parado a recapacitar sobre lo que ocurriría en caso de que pudiéramos modificar a nuestro antojo, sobre lo que le ocurriría a aquello que nos rodea, tanto a pequeña como a gran escala... Porque una minuciosa reparación de nuestras preocupaciones, pensando exclusivamente en uno mismo, sería un cambio enorme, bueno para algunos y problemático para otros. El hombre no nace, se hace, somos nosotros quien controlamos nuestro futuro, nuestro quehacer en la vida, nuestro paradero... pero también nos controlamos unos a otros. Es como una estructura arquitectónica, en el que cada pieza sujeta a la siguiente, mientras ella es sujetada de igual modo para que todo se mantenga estable y en equilibrio.

No quiero plasmar ningún tipo de moraleja, simplemente reflejo un punto de vista sobre la vida, que puede dar respuestas o crear aún más incógnitas. El simple hecho de haber escrito esto no es más que otro gesto, el acto de una persona corriente en una ciudad corriente, desconocida para muchos. Pero la decisión tomada por mí ha movido otra ficha del gran dominó, ha hecho girar la ruleta y ha hecho desencadenar nuevas historias, vivencias únicas y exclusivas para el resto del mundo. Suena extravagante y egocéntrico, pero quizás esto que acabo de hacer cree un cambio, incluso en alguna lejana parte del otro hemisferio; un cambio en otra persona normal y corriente con características muy distintas a las que yo poseo. Y eso hará que tengamos vidas paralelas, aunque encadenadas de alguna forma por un pensamiento instantáneo. Cada uno de los instantes que flotan sobre nuestras pequeñas historias hará el mismo impacto hacia el exterior de nuestros ojos. Todo lo que hacemos: hechos, pensamientos, palabras... todo sostiene uniformemente a nuestras vidas, y si no, parémonos a pensar... ¿Qué hubiera ocurrido si tan sólo no se hubiera escrito esto? O mejor dicho, ¿Qué no hubiera ocurrido? Ahí está la clave, en ese “si tan sólo...”

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-<@ Lúthien @>-