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MESAS, MANTELES Y
BANQUETES
El uso de equipamientos móviles, desmontables y plegables se remonta al
menos hasta el siglo XVIII, incluso la mesa tiene esta característica. Está
compuesta de caballetes de sujeción - trípodes- sobre los que se alineaban
ejes unidos por travesaños fijados por la parte inferior.
Las mesas se recubren siempre con grandes manteles decorativos que
testimoniaban el estatus social del propietario de la casa; no era
importante embellecer la mesa, pues quedaba cubierta por el mantel, al
máximo se decoraban las patas de los caballetes.
El éxito de las mesas de caballete duró mucho, debido a su practicidad y
adaptabilidad al número de comensales: se podían colocar en forma de L, U o
en filas paralelas. Resultaban perfectas para fiestas y convites celebrados
en el exterior y que, sobre todo hasta el 1400, representaban ante los
hambrientos ojos del pueblo el rito del banquete del Señor.
En las pausas entre uno y otro plato, se entretenía a los comensales con
intermedios animados, danzas, representaciones, canciones, pantomimas,
espectáculos circenses...
A menudo, se elegía un tema, normalmente mitológico o extraído de la
literatura cortés, que inspiraba las sucesiones de los intermedios y de los
platos.

LA CONSERVACIÓN DE LOS
ALIMENTOS
Es importante examinar los métodos de conservación de los alimentos
adoptados desde la Edad Media, ya que no será hasta los siglos XVIII y XIX
cuando se produzcan significativas innovaciones. Resumiendo mucho, podemos
nombrar los cuatro "elementos" a los que se recurría para evitar el
deterioro de los alimentos:
* HIELO
* AIRE
* SAL
* HUMO
Obviamente a cada uno correspondía un método de conservación :
* ENFRIAR/ CONGELAR
* CURAR
* SAZONAR
* AHUMAR
Ya en el Medievo existían, sobre todo en el Norte de Europa, en especial en
las regiones alpinas y prealpinas, depósitos de nieve y hielo, y se conocían
las propiedades conservadoras de la refrigeración. Se trataba de locales
-llamados neveras o heleras- , muchas veces en piedra y aislados de las
variaciones térmicas, con un bajo grado de humedad para evitar las
formaciones de agua de condensación, donde el hielo y la nieve se acumulaban
en las estaciones frías y de los que se podían extraer reservas hasta que se
agotaban.
Sabemos que en el régimen alimenticio de todas las clases sociales, eran
fundamentales los cereales y su conservación fue siempre un problema de
supervivencia urgente. Podían ser almacenados en forma de granos enteros o
ya molidos en harina, pero era necesario evitar, para el grano, la
germinación intempestiva, y en cualquier caso que la presencia de
microorganismos y moho comprometiera la comestibilidad: por ello estaba muy
extendida su desecación al sol y al aire.
Sabemos que se podían tostar y utilizar durante todo el año.

LAS BUENAS MANERAS EN LA MESA
MEDIEVAL
... y acuérdate de limpiarte la boca antes de beber del vaso.
Éste es uno de los consejos que en el tardío 1200 un anciano señor daba a un
joven que quería figurar entre la alta sociedad de la época. Consejo todavía
vigente y que ha pasado indemne el curso de los siglos. De hecho, ya en el
Medioevo se codifican una serie de reglas de buena educación en la mesa
(considerad que la preparación de la mesa consistía en una tabla con dos
caballetes, y dos series de manteles que la cubrían).
Por cada comensal se colocaba un cuenco de cerámica o madera envejecida
donde se servía la sopa o cualquier otro plato a base de caldo. Un segundo
plato llano se metía bajo el cuenco, y podía ser de cerámica o de madera; en
algunos casos se utilizaban platos hechos de un pan especial llamado Mense
(de aquí la palabra española "mesa"). Finalmente, se servía una cuchara, y
correspondía al comensal traerse un cuchillo.
Cada dos personas se colocaba un jarro del que sorber las bebidas.
Poner la mesa, como veis, era muy diferente de lo que actualmente definimos
como lo mínimo indispensable para poder comer.
De hecho nuestro precioso tenedor nace en Venecia en el tardío s.XIV,
mientras que el cuchillo se coloca junto a cada comensal sólo a partir del
s. XVII.
Finalmente, el mantel ya se conocía y utilizaba, pero era la guinda sólo en
la mesa de los más ricos.
Con este tipo de preparación, era necesario conocer un mínimo de buenas
maneras para no poner a los comensales en un aprieto.
En consecuencia, nace así el llamado "tratado de las buenas costumbres",
donde las reglas más importantes eran:
* No se puede hablar con la boca llena, y se debe masticar en silencio sin
que se vea lo que tienes en la boca
* Límpiate la boca antes de beber, para no molestar a tu vecino que se
servirá en las mismas copas
* No te limpies las manos en la chaqueta o en el mantel, sino en la
servilleta o lávalas en el aguamanil.
* No te limpies los dientes con el cuchillo y no emitas ningún ruido
desagradable que pueda provocar asco a la persona que se sienta junto a ti.
* No cojas la ración más grande y no revuelvas en las porciones ya cortadas
buscando la más exquisita.
* Pon atención en no manchar tu vestido ni el de los demás comensales.
* No estropees la servilleta ni la uses para hacer nudos, úsala para
limpiarte la boca y las manos.
Estas recomendaciones de buenos modales, que en gran parte se pueden aplicar
todavía hoy, nos recuerdan que ciertos comportamientos resultaban
desagradables también en el siglo XIII.
Las mismas reglas de buena educación vienen descritas en el Menanger de
Paris escrito en el S. XIV, donde un marido enseña a su joven esposa a
mantener con decoro la casa, a cocinar y a poner la mesa como es debido.
Este cuidado por las buenas maneras demuestra por tanto que la Edad Media no
es una época donde se preparaban suntuosos banquetes para regocijarse
alegremente y para atiborrarse de carne y de caza sin un mínimo de decoro,
sino que eran eventos bien codificados, donde el modo de presentarse y de
comportarse eran tan importantes como lucir un buen vestido.

ESPECIAS
Jengibre
Tiene un sabor ligeramente picante y muy aromático y combina bien
con platos dulces y salados. Probablemente fue la especia favorita de la
Edad Media (tras la pimienta), aunque en el Renacimiento parece perder
terreno ante la canela.
Se usa la raíz pelada y picada o, si no hay a mano, el polvo de ésta.
Canela
Probablemente la especia favorita del Renacimiento (dejando a un
lado la pimienta). Tiene propiedades antisépticas y, sobretodo, es muy
aromática y deliciosa.
Azafrán
Hoy la especie más cara del mundo y tampoco barata en la Edad
Media. Alegra el paladar y la vista.
Cardamomo o Granos de Paraíso
Semilla de sabor muy fuerte pero
refrescante, a usar con delicadeza para los mejores resultados.
Nuez moscada
Aromática y algo picante.
Flor de macís
Es la cáscara de la nuez moscada, de sabor
parecido a dicha nuez, pero más amargo.
Pimienta
Probablemente la negra, aunque la blanca y
la verde pueden también haber sido utilizadas ya que proceden de la misma
planta (son tratadas de diferente forma). La pimienta roja procede de
América por lo que no hubiera sido usada en la época que nos ocupa.
Clavos (de olor)
Otro para usar con cuidado, pero
imprescindible en la cocina medieval y renacentista. Lo tengo tan asociado a
los banquetes que para mí incluso "huele a medieval".
Cilantro o culantro (las
"semillas")
Lo que nos parecen semillas son en realidad
las frutas de la planta secas. Tienen un sabor diferente al de las hojas por
lo que no se deben sustituir mutuamente.
Buenas especias:
A menudo las recetas especifican echar esto,
lo otro y lo demás allá y después añadir "buenas especias". A falta de una
mejor explicación, me parece creíble que la expresión se refiriese a la
pimienta. Apoyando esta creencia, me parece que las "buenas especias"
aparecen en recetas en las que no se especifica la pimienta. Pero también
podría haber sido una mezcla, variable o fija, que contuviese pimienta y
alguna otra especia.

HIERBAS
Quizás las más populares fueran el perejil, el cilantro y la menta/yerbahuerto/hierbabuena.
Pero también hierbas como la mejorana y la salvia aparecen bastante. A
menudo aparecen en combinación, embadurnadas sobre la carne o dando sabor a
la sopa. El gusto por el cilantro y el hierbahuerto en los platos salados ha
perdurado en la cocina canaria y de algunos países latinoamericanos.
Una lista más completa sería:
* Ajedrea
* Cilantro
* Hinojo
* Mejorana
* Orégano
* Menta o yerbabuena o yerbahuerto
* Mostaza
* Perejil (también se usaba la raíz)
* Ruda
* Salvia
* Tomillo

OTROS CONDIMENTOS
El sabor predominante en la cocina era el agridulce. El azúcar con agraz
(zumo de uvas verdes, ácidas o equivalente) o vinagre o zumo de naranjas
(amargas en aquella época) es una combinación favorita. Los limones también
se usaban pero menos que las naranjas, que se usaban para lo que hoy el
limón (pescados, dar un toque agrio, etc.)
También juegan un gran papel la leche de almendras (agua batida junto con
almendras machacadas y aromatizadas), el agua de rosas y el vino. El lardo
(o beicon) se usa tanto para obtener manteca como para suavizar las carnes y
dar sabor a las verduras.

LA COCINA PERSA Y ÁRABE CLÁSICA
Mª Isabel Yagüe
Como ya apuntamos al final de nuestro anterior
artículo, la cocina persa sirve de transmisora de las cocinas china e hindú.
Junto a las sedas y las especias procedentes del extremo Oriente, llegaron a
Bagdad, la pasta y los helados.
De las suntuosas cocinas persas pasaron a los árabes, y gracias a éstos, a
través de Sicilia, entraron en el Occidente cristiano.
Al Palermo árabe de Ibn Gubair pertenecen los dos más antiguos y venerados
documentos sobre macarrones. De China vino el arroz, la caña de azúcar y las
aves de corral, gallos, faisanes, etc. La técnica del sorbete (del ár. "sarib",
pasa de China a India y de aquí a Persia, donde se tiene noticias de que en
el siglo VI ya se hacían helados de esencia de rosas, de frutas y de
pistachos (alfóncigos).
La elaboración del helado de pistachos
es la siguiente:
Se pican 100 gramos de pistachos en el mortero hasta convertirlos en una
pasta y se añade un litro de leche previamente hervida, dejándolos en
infusión durante una hora. Poner cuatro yemas de huevo y 250 gr. de azúcar
en una pequeña cacerola, batirlo con una cuchara de madera hasta que quede
una masa blanca y espumosa, y añadir la leche con los pistachos. Remover al
fuego y retirar cuando empieza a hervir. Pasar la crema por el tamiz, dejar
enfriar e introducir en la heladora o en el congelador.
La cocina de los árabes del desierto, de los primeros mahometanos, respondía
a una alimentación simple, consistente en carne, pocos productos vegetales
y, desde luego, en casi ningún pescado. En "Las mil y una noches" se
confirma de manera positiva e insolente esta afición a la gran cocina
carnívora: "Las delicias se encuentran en tres cosas: en comer carne, en
cabalgar carne y en meter la carne en la carne". Desde este punto de vista,
la cocina árabe tenía una obsesión sangrienta y carnívora. Pero las
conquistas musulmanas, extendiéndose e incorporando tantos países, hacen que
los árabes entren en relación con la cocina bizantina y, a través del
comercio, como ya hemos dicho, con los productos exóticos de China e India
previamente adaptados por los persas. De todos ellos heredan los árabes su
obsesión por las especias, por mezclar lo dulce con lo salado, así como su
gusto por las grandes presentaciones de platos.
La cocina árabe no se reduce a un país, sino que su ámbito de influencia se
extiende por el norte de África y Oriente Próximo hasta Irán. Con todo, los
países del litoral Mediterráneo cuentan con una cocina más rica y variada,
sobre todo la elaborada en los hogares de Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y
Egipto, y en menor medida en los de Siria y el Líbano. En el recetario de la
cocina árabe predominan los potajes, cocidos y estofados.
El "cuscús", el
más emblemático de los platos árabes, es un soberbio producto de la cocina
de la evaporación. Sin la intervención de la carne, también son famosos en
la cocina árabe, desde hace cientos de años, la "baba ghannoug" que es un
puré que, en Egipto, realizan con berenjenas peladas y asadas al horno, con
"tahine" o pasta de sésamo y un aliño a base de zumo de limón, aceite de
oliva y ajo machacado en el mortero; "hummus bi tahine" que consiste en un
puré de garbanzos, con "tahine" y el mismo aliño; "tabbouleh" es un plato
libanés elaborado con trigo partido, remojado y escurrido, que se mezcla con
tomates, cebolla picada, menta y perejil, y se aliña con aceite de oliva y
zumo de limón. Para comerlo, se utilizan hojas de lechuga, col o vid a modo
de cucharas.
Veamos la elaboración de un plato de un sabor recio y muy conocido en la
cocina árabe: "judías verdes al estilo
oriental".
Se eliminan los hilos de 600 gr. de judías verdes, se lavan y se cuecen en
agua salada hirviendo, durante 10 minutos. Poner en una cacerola una cebolla
picada con aceite, sofreir lentamente; agregar las judías, rociarlas con un
vaso de vino blanco y un cucharón de caldo, añadir una cucharada de pasas de
Corinto (previamente ablandadas en agua caliente) y una cucharada de
piñones, sazonar con sal y pimienta y cocer, con el recipiente tapado,
quince minutos. Adicionar ahora dos cucharadas de salsa de tomate especiada
y una ramita de menta picada, amalgamando bien.
En el siglo VI comienza a cultivarse en España el arroz por los bizantinos
que dominaron el Sudoeste de la Península, pero fueron después los expertos
hortelanos musulmanes quienes desarrollaron este cultivo. En los siglos
siguientes los árabes fueron trayendo la caña se azúcar, la granada, el
algodón, la berenjena, el naranjo, la morera, el almendro, el membrillo, la
palmera datilera y las alcachofas. Gracias a un manuscrito anónimo del siglo
XIII sobre cocina hispanoárabe conocemos del gran uso que se hacía en
nuestras tierras de la cebolla y canela, el azafrán, poleo, cilantro, la
albahaca, orégano, comino, jenjibre, espliego, hierbabuena y las flores de
clavo; así como que se sazonaba con zumo de naranja amarga, con agua de
rosas o flor de azahar.
El escritor de Bagdag, Ziryab, en el siglo IX, dejó escrito cómo en España
los comensales también comían sentados blandamente sobre cojines alrededor
de la mesa baja y tomaban directamente la comida de las bandejas sin platos
individuales. No usaban ni cuchillo ni tenedor y acompañaban la comida con
pan. Como en el resto del mundo árabe, en la España de los califas, el vino
no se bebía durante las comidas sino en reuniones de amigos alegres, en las
que las mujeres quedaban excluidas, donde se cantaba, se recitaba y se
bebía, tal como se hacía en las ancestrales culturas griega, romana y china.
Bibliografía:
* China, Charles Meyer, Hachette
* La huella árabe en España, Marinella Terzi, Ed. Cículo de Lectores

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