Imagen del Personaje - Bosque de MingShu
Sheenna
RAZA: Humana

SEXO: Femenino

OFICIO: Guardiana del Éter y Encargada del Gremio de Comerciantes

Mi nombre no importa pues sólo nací para narrar la historia de Sheenna, reina de uno de los poblados más legendarios de las amazonas, así como elegir y educar a la que tendrá el privilegio de narrar las andanzas de su primogénita.

Como bien sabéis, las Amazonas son un grupo de mujeres guerreras que gobernaban su reino a las orillas del río Termodonte, en Capadocia. A la fecha de hoy, se cree que son una leyenda o no existieron pero sólo algunos privilegiados saben la verdad. Existen y son reales, pero para que hayan subsistido hasta ahora, han sido nómadas desde muchos siglos atrás y sus poblados siempre han estado debidamente escondidos. Rinden culto a la diosa Artemisa pues la creen muy afín al ser cazadora y virgen, y a Afrodita, femenina y bella.

La fecha de nacimiento de Sheenna no se sabe con exactitud puesto que una mañana soleada, las sacerdotisas tuvieron una visión donde Artemisa les indicaba dónde encontrar a la que sería su futura Reina. La hallaron en un altar, al borde de un lago rodeado de una gran belleza natural. Para llegar, tuvieron que internarse por medio de selvas y montañas, entre pasadizos secretos.

Durante sus primeros años fue educada por las sacerdotisas en ese lugar hasta alcanzar la mayoría de edad. Mientras tanto, el poblado estaba gobernado por Oiorpata, la cual el nombre le fue impuesto por los Escitas al significar asesina de hombres. Sheenna, mientras tanto, aprendió a montar y a venerar a los caballos, con tal habilidad que podía bailar encima del caballo, levantarse cuando iba a galope, saltar de un caballo a otro y saltar sin silla a través del fuego. A cazar y a pelear a pie y a caballo, llevando escudos de medialuna y empuñando lanzas, arcos, hachas de batallas y espadas. Le enseñaron a odiar a todo hombre viviente así como las diferentes técnicas del amor existentes. Sheenna estaba preparada para ocupar el trono...

A las órdenes de Oiorpata, con varias guerreras bajo su mando, rondaba las fronteras de sus tierras, y al menor rastro del acercamiento de algún imprudente y temerario varón, le daban caza, hasta torturarlo y matarlo. Eran pequeñas victorias con trofeos que cada vez la hacían más respetada y venerada en su pueblo.

Oiorpata, astuta, decidió que Sheenna era demasiado peligrosa para dejarla con vida. Ordenó que incursionaran tierras vecinas en captura de buenos sementales para el gran día que se acercaba. Cuando el día se volviera oscuridad, sería señal de rendir tributo a las diosas, procreando más hembras.

Sheenna se alegró de salir de la rutina, sin pensar en ningún momento que Oiorpata esperaba su muerte a manos de los varones. Pasaron varias lunas y Oiorpata tuvo que tragarse su rabia contenida, cuando el pueblo vitoreó a Sheenna al verla entrar con un grupo numeroso de varones, fuertes y sanos, atados de manos y empujándolos sin compasión.

Las Sacerdotisas temían por Sheenna e imploraban a las diosas que las guiara por el camino a seguir, pero llegó el gran día señalado sin saber qué hacer. Hubo la gran celebración y culminación del propósito para ello. Sin lugar a dudas habría una nueva generación de poderosas hembras. A la mañana siguiente, por orden de Oiorpata, la sangre cubría la tierra. No quedaba ningún varón vivo de los traídos por Sheenna.

Sheenna hirvió de furia. No por importarle la muerte de tan débiles criaturas sino por habérsele negado el derecho a escoger a los que ella deseara para ser sus esclavos o eunucos. Fue cuando se dio cuenta que Oiorpata jamás le permitiría subir de jerarquía. Para ello, se necesitaba tener guerreras y varones bajo su dominio. Poseía las primeras que le otorgaban toda su fidelidad pero los varones, por muchos que apresara, necesitaba la bendición de la reina.

No tardó en enfrentarse a Oiorpata y retarla delante de todo su pueblo. Oiorpata, conociendo la superioridad de Sheenna, con malas artes, la culpó de traición hacia su pueblo, desobedeciendo sus órdenes. Sheenna se quedó perpleja pues no sabía de qué hablaba, hasta que las guerreras de confianza de Oiorpata, trajeron a un varón de los últimos apresados para la procreación. Temblando y medio torturado, balbuceó haber escapado con ayuda de Sheenna. Las sacerdotisas se retiraron pues debían hacer algo si no querían ver morir al amanecer a la que seria su salvación.

Sheenna fue apresada y atada. La torturaron para que confesara pero de su boca no salió sílaba alguna. Los músculos le dolian horrores y su cuerpo estaba lleno de sangrantes heridas provocadas por el látigo o el fuego. Casi en la inconsciencia, sólo le llegaba la risa malvada de Oiorpata.

Despertó en lugar extraño y su primera reacción, fue buscar sus armas. Le dolía todo el cuerpo y cada movimiento, era un sufrimiento. Gruñendo, miró más detenidamente. Se hallaba sobre un altar y a su alrededor, se erigía una belleza impactante. Montañas verdosas con una gran cascada en el centro, rodeaban un gran lago. El altar se erigía en el mismísimo centro. Tendría que nadar si quería salir de allí. Intentó avistar alguna salida pero no hallaba ninguna. Se tumbó y decidió reponer algo de fuerzas mientras pensaba sobre lo ocurrido. Se empezaba a adormecer pero un silencioso chapoteo hizo que abriera los ojos. Se levantó sobre un codo y miró. Una balsa venia hacia ella. Pudo avistar a las Sacerdotisas y una mezcla de alivio y alarma la inundó.

Horas después, su ánimo era tranquilo. Las Sacerdotisas le explicaron lo ocurrido y aunque deseó ir a apagar su sed de venganza, la hicieron desistir. Le explicaron lo que durante años le fue vetado. Su sagrado nacimiento y cual era su destino. Debía seguirlo y Oiorpata debería esperar. Su principal objetivo era procrear una primogénita y varias hembras para asegurar su linaje. Debería escoger a los mejores sementales y para ello, no había otra forma que introducirse en los reinos y adaptarse lo mejor posible. Para ello, no tendría que dejar pista alguna para seguir su rastro Oiorpata. Era esencial.

Una vez recuperada, le dieron sus armas y la dejaron marchar. Le insistieron en que debería procrear sobre el mismo altar donde nació, asegurándose de que el varon jamás hablara del sagrado lugar.

Sheenna recorrió durante mucho tiempo varios reinos sin encontrar al elegido, hasta que llegó al reino de Medievo. Allí, halló a un magnifico ejemplar con el cual engendró gemelos, a su primogénita, Andrómaca y para su desgracia, a un varón. Intentó matar al varón pero el rey del Reino, se lo llevó e intentó que con el tiempo, lo quisiera, pero no lo logró. Siempre lo repudió y jamás quiso verlo, intentando por todos los medios saber dónde lo tenían. Jamás se lo dijeron y se olvidó de él. Andrómaca fue dada a las diosas para ser educada.

Con el tiempo, el rey consiguió acercarse a la amazona, tanto que lo comenzó a ver como otro buen semental y olvidar la afrenta por no dejarla que matara su deshonra, pero tuvo que salir del reino y Sheenna se cansó de esperar. Su única alegría fue saber que tuvo mucho tiempo antes de Andrómaca, a su querida hija Sesa, a la que protegía casi asfixiandola.

Odiando a los varones, comenzó a pensar si no se equivocó al no aniquilar a todos los varones del reino una vez cumplido su principal objetivo. Las hembras del reino apaciguaron sus ansias de muerte y decidió divertirse con ellos, en espera de hallar algún buen trofeo para su colección.

Una noche, sueños muy reales la sacudieron. Se levantó con mirada decidida pues comprendió el mensaje. Al día siguiente, decidió visitar el bosque de su amiga MingShu y conocer más su reino. No sabía qué le depararía este reino pero decidió averiguarlo, por lo que cabalgaba de un reino a otro, buscando comprender qué era lo que buscaba y debía encontrar.

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