Desde una torre de magia, observaba su aprendiz Hanny. tan dulce y tierna pero con cansancio a la vez. Practicaba la magia, sin poder hacer un conjuro bien. A lo lejos ve el atardecer y poco a poco se oscurece el firmamento. La noche sin luna, se escuchan gritos. La aprendiz busca entre las sombras desde el balcón de la torre. Sin previo aviso entran en la torre. Forcejeos, gritos, golpes… El mago rescata a su aprendiz de las tinieblas siendo tarde para ella. Mirando con ojos suplicantes le cuenta a su maestro. Un pacto la obligaron a hacer a cambio de magia, destrucción debe ocasionar. El mago jura eterno amor por ella y su venganza. Hanny internada en los volcanes decide hacer uso de su magia para la destrucción de la tierra. Silenciosamente ocasionaba desastres y caos.
Al llegar el mago y viese lo que su aprendiz pudo hacer, le reprime que su esfuerzo de protegerla era en vano si aún su amada se comportaba como un verdadero demonio. Su decisión correcta fue usar su magia del fuego para bien, así se refugia en los volcanes regulando los desastres del fuego. Le reza a la luna y al dios del fuego que proteja a su amado. Así defiende los bosques y la tierra sin que nadie supiera de su trabajo. Pero no podía hacerlo sola, necesitaba un amigo, un compañero de trabajo. El bosque del Hada MingShu, buen lugar para encontrarlo…
Una controversia entre el bien y el mal se apodera de Hanny y permanece en el Bosque para ya no sentir el poder demoníaco que alguna vez la capturó.