Imagen del Personaje - Bosque de MingShu
Cuthbert^
RAZA: Humano

SEXO: Masculino

OFICIO: Guardia Forestal y Molinero

“Si por su consejo yo virase
Hacia aquella ominosa región en la que, como todos saben,
Se esconde la Torre Oscura. Aun así, aceptándolo,
Me desvié hacia donde él señalaba: no por orgullo
Ni por esperanza reavivados en el final señalado,
Sino por la alegría de que existiese algún final.”
(Stephen King)


Los recuerdos que me hacen a mi mismo no son más que fugaces visiones junto a pesadillas en mis noches. Me contaron que la muerte me llevaría hasta un nuevo mundo, diferente o igual al mío; eso no lo sé, no recuerdo como era Gilead.

Seis meses quizá llevase desorientado en medio de un desierto, sin saber cual era mi nombre, sin recordar el rostro de mi padre, cuando el viejo me encontró y me acogió en su casa. En una semana recobré el uso de la palabra; pero seguía herido por la falta de recuerdos. Aquella noche comencé a tener pesadillas sin sentido y hablaba en sueños. Durante un almuerzo el viejo me contó lo que oía de mi boca por las noches; llamaba en sueños a un tal Rolando, y no paraba de decir mi nombre, Cuthbert^. En el instante en que oí mi nombre recibí un flash de mi memoria perdida... ¡yo soy Cuthbert^ Allgood, hijo de Robert!... podía recordar el rostro de mi padre, algo que no sé por qué tiene elevada importancia para mí.

Aquella misma noche regresé a los sueños, pero esta vez vi claramente a mi verdugo, era un muchacho cuyo rostro me era conocido... ¡ese es Rolando!... ha acabado conmigo a pesar de ser su amigo... justo ahí descubro un reflejo en sus ojos, en su alma... veo una inmensa torre construida en un oscuro color... observando esa Torre Oscura se hiela mi corazón y siento el irrefrenable impulso de ir a ella, pero no sé por qué.

Al despertar me sentí tremendamente frustrado, el motivo no lo sabía, pero la sensación era terrible. Tomé el desayuno y el viejo me llevó hasta una vieja tumba. La lapida tenía incrustada una extraña esfera vítrea que al ser tocada emitía destellos. La inscripción decía algo así: “Aquí yace el más grande mago” fue firmada por un tal Arturo de Eld con su propia espada, creo que fue un rey, no estoy seguro. El viejo me reveló que él mismo era descendiente de ese mago y que tuvo visiones sobre mí... pero no me las revelaría jamás. Tras ese paseo me llevó a un pueblo cercano y buscó la forma de enfadar a unos pocos contra mí; ese maldito viejo sabía que mis manos no habían olvidado sus enseñanzas y que yo me defendería con presteza a pesar de ir desarmado. Para evitar reprimendas contra sí me enseñó el arte mágico de invocar puertas; de este modo sería capaz de viajar grandes distancias en un instante. Desde luego era más listo que yo.

Mi frustración era cada vez más insoportable y tuve el presentimiento que la tumba que visitamos me ayudaría en algo. Con ayuda de un cuchillo arranqué la esfera, un cristal del arcoiris de Merlín, y lo tomé en mis manos. Entonces emitió una intensa luz que me llevó a ver el fin del mundo, donde se cruzan los seis haces de las puertas de las seis bestias, tras un campo de rosas... allí se levanta la Torre Oscura. Después se mostró una ciudad que entendí que era mi perdida Gilead, estaba siendo destruida; también vi a Rolando matándome y entendí que la Torre era la causa; debo destruirla... es la fuente de todo mal. Una maldición se asentó en mi corazón: debo llegar a la Torre a toda costa.

Con el cuchillo en una mano y el arcoiris en la otra caminé hasta las afueras del pueblo, donde me buscaban para vengar la paliza que antes les había dado. Sin dudar y sin pestañear los maté uno a uno de un certero golpe de cuchillo. Seguí mi caminar durante un par de días hasta que recobré la voluntad y me paré a descansar. Esa noche llegó a mis oídos un extraño sonido... un grito de agonía lejano, un chirrido que no era humano... la raedura me estaba llamando. Recuerdo que el viejo me habló de ella, “el mundo se ha movido” y la raedura es una de sus consecuencias. Nada sobrevive a ella, nada vuelve... Dos horas de descanso me hicieron volver a caminar sin un camino determinado y me acerqué tanto que sentí la agonía de la raedura; algo me decía que debía ir dentro, que por allí se llega a la Torre... y la atravesé. Aparecí de pronto en otro lugar que seguro era muy distante... y empecé la búsqueda de la Torre Oscura.

Siete u ocho años llevo en su búsqueda... en mi camino he recordado pocas cosas más, la canción de cuna de mi madre, el atardecer de Gilead... el olor de los caballos... muchas cosas que me son agradables y que vienen cuando me dejo llevar en mi camino. Hará quizá un año cuando volví a ser llamado por otra raedura... y nuevamente no pude resistirme a ella. Es así como llegué donde habitan seres que desconozco... esta vez había ido demasiado lejos... pero me gusta este lugar; he tomado cariño a sus seres y a su entorno. Aquí, y sólo aquí, la maldición es más débil... ahora puedo controlarme mejor... pero no olvido jamás cual es mi destino: Hallar la Torre Oscura y destruirla. Sólo deseo que ningún ser querido se interponga, es muy probable que yo escogiese contra mis amigos.
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